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El síndrome del edificio enfermo

No estamos hablando con este término de “síndrome del edificio enfermo” de un edificio que evidencia mal estado. No son estas fotografías artísticas de lugares abandonados o espacios decrépitos a los que les falta parte del techo y donde se cuelan adolescentes a hacerse fotos para Instagram.

No, estamos hablando de algo muy real. De edificios que afectan a tu salud. Por síndrome del edificio enfermo a un conjunto de enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en espacios cerrados, tal como lo define la OMS.

¿En qué se traduce eso? Realmente, ¿puede la configuración y construcción de un edificio afectarme en mi salud? Pues los estudios demuestran que sí. Los edificios de finales del siglo XX, sobre todo a partir de 1.973 con la crisis del petróleo fueron construidos para ahorrar energía. Ese ahorro de energía se traducía en hermetizar superficies, con ventanas y puertas más eficaces a la hora de aislar del exterior, entre otras cosas. Al aislar los interiores hay que crear tomas de aire que no siempre se colocaron en los lugares idóneos. A todo esto la tecnología de la época estaba fuertemente dominada por ciertos materiales que producen residuos y tienen consecuencias sobre la salud.

El síndrome del edificio enfermo se desata no solo por el aire con mala ventilación sino que además la descompensación de temperaturas, las partículas en suspensión en espacios cerrados y los gases y vapores químicos, además de los bioareosoles crean un cuadro de enfermedad casi crónica en los que viven o trabajan en esos lugares. Estamos hablando de pinturas, enmoquetados, rejillas de ventilación, de aires acondicionados salvajes sin regulación de climatización que producen grandes contrastes, la mala acústica, la iluminación, la falta de ergonomía… Todo eso se traduce en malestar, en jaquecas, náuseas, mareos, resfriados persistentes, en irritaciones de la piel, de los ojos, en alergias y en no menor medida, en una repercusión en el ánimo y la motivación de los trabajadores del lugar.

Y es ahí donde interviene la sostenibilidad y la rehabilitación de edificios para hacerlos sostenibles. Leyendo todo lo anterior se puede deducir qué es lo que se puede hacer para mejorar el espacio de trabajo, que no siempre se queda en un papel de “mejorar las instalaciones”: es una apuesta por mejorar la vida de los que trabajan o habitan ese lugar. Y esa sostenibilidad no es solo “llevarse bien con el medio ambiente”, es preocuparse por la salud, la huella de carbono, por el entorno, por el mundo, y por ti.